LA BUENA ENERGÍA DEL TRIGO

Diferentes civilizaciones de la historia adoptaron el pan como el alimento fundamental de su dieta y sus sociedades, sofisticando su preparación e inclusive haciendo de los panaderos personas muy importantes a nivel social.

Los egipcios fueron los primeros en descubrir la levadura. Mucho tiempo atrás, ellos ya elaboraran pan de múltiples formas y fueron reconocidos como una sociedad “comedora de pan”.

Pero fueron los griegos los que hicieron de la panificación un arte. Los Mageiros, al principio los hombres encargados de los sacrificios animales para los Dioses, siguieron a las mujeres, que eran grandes molturadoras de trigo y panaderas, y se fueron especializando como cocineros profesionales, contratados para preparar banquetes en distintas celebraciones. El oficio llegó a ser tan importante que inclusive estos primeros panaderos conformaron una casta social de alto poder económico. Las levaduras con lúpulo y mosto para producir pan de diferentes variedades y el uso de la harina para hacer figuras representativas que eran consideradas arte, todo eso se lo debemos a los griegos.

En Roma, los panaderos crearon una colegiatura para ligarse al oficio de forma vitalicia e inclusive heredarla a sus hijos. Era tan importante este oficio que se concebían tierras y cultivos con tal de mantener el número activo de panaderos. Desde Mesopotamia hasta la tierra prometida, los hebreos aprendieron a arar, trillar y transportar trigo para elaborar pan y hacerlo parte vital de su alimentación. Lo preparaban tostando el grano y después poniendo la masa sobre piedras caliente cubiertas de ceniza o pegando la masa a las paredes del horno y después introduciéndola en jarros de barro que tenían brasas en su interior.